Bajo la presidencia de Nicolás Maduro, la actividad de esta organización ha experimentado un notable impulso
La organización, considerada ‘terrorista’ según el Gobierno de Estados Unidos, no tiene un capo visible, pero está dirigido por la Fuerza Armada Nacional. Opera con discreción, aunque cuenta con aliados tan poderosos como el Cártel de Sinaloa y el ELN. Su estructura es difusa; a veces se le considera una leyenda, pero existe y es capaz de mover hasta 350 toneladas de cocaína al año. Entre ríos, fincas y avionetas, el Cártel de los Soles sigue traficando en Venezuela, tal como señalan las acusaciones de la justicia estadounidense, respaldadas también por decenas de documentos de la Fiscalía colombiana.
De Hugo Chávez a Maduro
La muerte de Hugo Chávez en marzo de 2013 no implicó ni la desaparición ni el debilitamiento del llamado Cártel de los Soles, respaldado por la Fuerza Armada Bolivariana, que el líder revolucionario comandó durante 14 años. Bajo la presidencia de Nicolás Maduro, la actividad de esta organización ha experimentado un notable impulso, consolidándose como una federación de grupos dedicados al narcotráfico en Venezuela que actualmente se encuentra en pleno auge.
En 2020, el Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó cargos contra altos funcionarios del gobierno de Maduro por dirigir esta red, que, a pesar de su denominación, no funciona como un cártel en el sentido estricto del término. Se trata de una estructura criminal dispersa, al servicio de cárteles extranjeros y respaldada por el Estado venezolano, en particular por los militares que ejercen control estratégico sobre el territorio. Estas fuerzas gestionan el tráfico de drogas como un negocio privado, respondiendo no a una autoridad única, sino a múltiples comandantes y jefes de zona. A esta estructura se suman otros actores del poder público local y judicial, así como numerosos testaferros y operadores privados.
Una reciente y masiva filtración de documentos, complementada con otros informes y decenas de entrevistas, permite reconstruir y actualizar el funcionamiento interno de esta particular red criminal, desmantelando la idea de que no existe o de que las acusaciones en su contra son simples invenciones con motivaciones políticas. La investigación se basa en una filtración de correos electrónicos de la Fiscalía General de Colombia.
Los documentos confirman que, al menos hasta mediados de 2022, el gobierno colombiano consideraba al Cártel de los Soles como una “amenaza activa”, operando en alianza con cárteles mexicanos y grupos armados colombianos para traficar cocaína. Solo en la región del río Catatumbo, una zona fronteriza binacional al oeste de Venezuela y al noreste de Colombia, este tráfico generaba ingresos de hasta 5.900 millones de dólares anuales. El Catatumbo constituye uno de los tres “ejes de operación” que sostienen las rutas del cártel en Venezuela y, según varios informes, moviliza entre 250 y 350 toneladas de droga al año.
El ‘Modus Operandi’
El esquema de operación del tráfico hacia Venezuela inicia con el cultivo de hoja de coca, concentrado principalmente en el Catatumbo colombiano, cuya ubicación fronteriza lo convierte en un epicentro del tráfico internacional de drogas hacia Venezuela. Fuentes cercanas a la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) en Colombia indicaron para este reportaje que la gran mayoría, si no la totalidad, de la producción obtenida de las 42.000 hectáreas de cultivos en esa región limítrofe con el estado Zulia ingresa a Venezuela a través de los ríos Catatumbo, Zulia y Tarra, después de ser procesada y transformada en pasta o polvo de cocaína en las inmediaciones de poblaciones colombianas como Ocaña, La Gabarra y Tibú.
El volumen involucrado es considerable si se toma en cuenta que cada hectárea de hoja de coca produce, en promedio, 7,9 kilogramos de cocaína en polvo. Cruzando la superficie cultivada con el rendimiento por hectárea, se estima que solo durante el año pasado pudieron estar disponibles hasta 300 toneladas de cocaína para ser transportadas desde el alto Catatumbo, en el departamento de Norte de Santander, hacia el estado Zulia en Venezuela. No obstante, los especialistas advierten que esta cifra es parcial y conservadora, ya que corresponde únicamente a la primera y principal de las tres rutas del tráfico binacional, que representaría alrededor del 60% de la droga que entra al país.
Una vez que la droga cruza la frontera y llega a territorio venezolano, interviene el Cártel de los Soles. Al recibir los cargamentos en distintos puntos del país, esta organización actúa como un nodo central: recoge la mercancía y la redistribuye por ríos y carreteras venezolanas hacia puertos y pistas clandestinas, desde donde se envía a destinos intermedios como República Dominicana, Trinidad y Tobago, Honduras, Surinam o Guyana, y, en algunos casos, hasta los destinos finales, incluyendo Estados Unidos y Europa.

Los ríos Orinoco y Arauca, unas carreteras alternativas
Fuera del principal eje del Catatumbo, el resto de la droga ingresa a Venezuela por las tierras bajas del río Arauca, atravesando el departamento colombiano de Vichada, y a través de las selvas de la cuenca del río Orinoco, especialmente por su ribera occidental.
La región del Arauca se encuentra entre los Llanos de Colombia y Venezuela. Una parte significativa de la hoja de coca cultivada en Putumayo, frontera con Ecuador y Perú, con 53.648 hectáreas en 2022, y en Guaviare, 6.769 hectáreas, se dirige hacia el este, hacia localidades colombianas como Cravo Norte, Tame, Fortul y Saravena.
Desde allí, los cargamentos cruzan el río Arauca rumbo al estado venezolano de Apure. Fuentes consultadas en Venezuela indican que los envíos que atraviesan esta ruta representan alrededor del 30% de la cocaína que entra al país.
Dado que los Llanos de Colombia y Venezuela suelen inundarse durante la temporada de lluvias, la mayor parte de la droga se transporta por esta zona escasamente poblada en botes y lanchas hasta San Fernando, la capital de Apure, y otras poblaciones cercanas. El Cártel de los Soles utiliza fincas y haciendas ganaderas de la región, algunas equipadas con pistas de aterrizaje privadas y acceso directo a los ríos, como centros de almacenamiento, desde donde se envía la mercancía hacia Puerto Cabello, en el estado Carabobo, principal puerto del país. Allí, la cocaína en polvo es ocultada dentro de contenedores con destino a Europa, el Caribe o Centroamérica.
El tercer eje, de menor volumen, opera a lo largo de los ríos Orinoco y Vichada, afluente oriental del primero. Los cargamentos provenientes de Colombia son transportados por el Orinoco hasta Isla Ratón, en Venezuela, y desde allí hacia Puerto Ayacucho, capital del estado Amazonas. Posteriormente, la droga sigue hacia el noreste, rumbo a los estados Delta Amacuro y Monagas, con salida al Atlántico, y a los mercados de consumo en Estados Unidos y Europa. La mayoría de los envíos por esta ruta son pequeños, transportados en canoas, y representan aproximadamente una décima parte de la cocaína que atraviesa Venezuela.
Además, se descubrió la existencia de un corredor de tráfico en el estado Monagas, que atraviesa San Félix y Temblador y culmina en Barrancas del Orinoco. Desde allí, las cargas se transportan por el río a través del complejo sistema de canales del Delta Amacuro hasta Guyana y Trinidad y Tobago, con destino a Estados Unidos
Fuente: VozPopuli



