Marcel Etoungui, uno de los 81 sacerdotes extranjeros en la diócesis de Getafe, comparte su testimonio en la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y las Vocaciones Nativas
En el marco de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y las Vocaciones Nativas, el Informativo de la diócesis en COPE, que se emite cada domingo a las 9:45 horas en las frecuencias 101.0, 92.2 y 90.5 FM, aborda el testimonio de un sacerdote camerunés que ejerce su ministerio en el sur de Madrid, concretamente en la parroquia Espíritu Santo de Aranjuez.
El padre Marcel Etoungui, uno de los 81 sacerdotes nacidos fuera de España que forman parte de la diócesis de Getafe, compagina su labor ministerial con sus estudios en la Universidad San Dámaso. Una historia de vocación, misión y acogida.
Las semillas que hicieron crecer el árbol
Marcel recuerda que la historia de su vocación se forja con la ayuda de una mujer de fe. Su bisabuela, persona profundamente creyente, trabajaba en la sacristía de su parroquia en Camerún y fue ella quien, desde los cuatro años, llevó al pequeño Marcel a la iglesia y le inscribió en el grupo de monaguillos. «Esta proximidad que he tenido con el altar y con el sacerdote influyó muchísimo en mi vida desde la infancia», recuerda.
Con su mente de niño, Marcel quería ser como el párroco. «Lo veía siempre en la misa, muy bien vestido y muy entregado», explica. Compartió ese sueño con su bisabuela, que lo tomó en serio y fue guiando sus pasos poco a poco, iniciándole en la vida de oración y los sacramentos. Junto a ella, el párroco de su parroquia fue la otra figura clave: «son las dos personas que han marcado especialmente mi camino vocacional».
A los 11 años, cuando terminó la escuela primaria, su bisabuela le preguntó si quería seguir sirviendo al Señor. Marcel dijo que sí, y ella le presentó al párroco, que le habló del Seminario menor. Así ingresó, con once años, en el Seminario menor de su diócesis.
Dudas, presión familiar y una vocación firme
El camino no estuvo exento de momentos difíciles. En el penúltimo año del Seminario menor, en 2006, llegaron las dudas. «Soy el mayor de una familia de tres hijos y en África hay la tradición de que el primogénito tiene que seguir procreando para mantener la familia», explica. La presión del contexto familiar fue real, pero no logró torcer una vocación que desde pequeño tenía muy clara y siguió creciendo hasta hacerse realidad.
Una vez ordenado, su obispo en Camerún le envió en el año 2021 a España para estudiar. Actualmente cursa una tesis doctoral en Derecho Canónico en la Universidad de San Dámaso, en Madrid. Mientras tanto, colabora en la diócesis donde Mons. Ginés García Beltrán le destinó como vicario parroquial a la parroquia Espíritu Santo en Aranjuez.
La adaptación al principio fue dura. «Muy difícil, muy muy difícil», reconoce. El idioma fue el primer obstáculo: en Camerún, los idiomas oficiales son el francés y el inglés, además de las lenguas nativas. Aprender español, adaptarse a una nueva cultura y a una nueva comida supuso un esfuerzo considerable. «Con el tiempo aprendí que era una nueva misión que Dios me había encomendado y que debía aceptarla a pesar de las dificultades», afirma.
Lo que sí le sorprendió gratamente fue la devoción a la Virgen María que encontró en España. «Es muy muy venerada aquí y tengo mucha admiración por esta devoción», dice, señalando que Camerún también es un país consagrado a la Virgen, lo que le hizo sentirse de algún modo en terreno familiar.
En la parroquia Espíritu Santo, el padre Marcel se encarga de preparar a los adultos para el sacramento de la Confirmación y del grupo de profundización en la fe. Y cuando le preguntan cómo le han recibido, siempre responde lo mismo: «la comunidad parroquial me ha recibido con mucha calidez, con mucho cariño. Me siento como en casa, me siento en familia». Una acogida que, asegura, hace que no note estar lejos de su tierra.
Vitalidad vocacional en África
África es hoy un continente de gran vitalidad vocacional, mientras Europa atraviesa una profunda escasez de sacerdotes. El padre Marcel vive esa paradoja en primera persona y la contempla con gratitud y perspectiva histórica. «Recibimos la fe a través de misioneros europeos y hoy venimos a Europa para apoyar la misión porque hay falta de sacerdotes», reflexiona. «Todo es gracia y servimos a la misma Iglesia, la Iglesia de Dios, que jamás morirá».
Para él, su presencia en Getafe es una manifestación concreta de esa universalidad: «Dios siempre encuentra la manera de mantener viva a su Iglesia y yo, como sacerdote africano colaborando en una diócesis de Europa, soy justamente una manifestación de la obra de Dios que siempre busca pastores para sus ovejas».
Un mensaje para los católicos españoles
En la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y las Vocaciones Nativas, el padre Marcel lanza un mensaje claro a los fieles españoles: «Que se sientan solidarios con la Iglesia en África, porque somos una sola familia. Que oren por las vocaciones en África y las apoyen en su formación sacerdotal y religiosa».
Y concluye con una certeza que resume su propia historia: la vocación y la misión van siempre unidas, y se abrazan con amor, allá donde el Señor envíe.



